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Menudo percal…

[…] R.B de 40 años, se encuentra ingresado en el Hospital de Toledo tras recibir una brutal paliza de la mano de, al menos, cuatro hombres por defender a su sobrina.

«Ella no tenía que haber vivido esto, mi sobrina no tenía por qué haber vivido esto», se lamenta una y otra vez R.B, con un codo roto, un bulto, una brecha en la cabeza, contusiones por todo el cuerpo, los dientes sueltos y la cara prácticamente desfigurada.

 

«Estaba en el bar de mi hermano jugando al mus, la barra la atendía mi sobrina. Aprovecharon que aparentemente estaba sola para intentar despistarle, primero entraron un grupo de mujeres que ella no conocía con niños. Cuando iba a atenderlas se percató de que al grupo se habían sumado algunas mujeres más con niños también, éstas últimas pertenecían a los que tenían prohibida la entrada en el bar. Mi sobrina intentó disuadirles para que se fueran, ellas se le encararon, se pusieron a discutir mientras me avisó por el móvil nerviosa. Cuando salí al bar le estaban rodeando, pegando y zarandeando. Me fui inmediatamente a por ellas. Mi sobrina tiene 25 años. Y ellas tenían la entrada prohibida en el bar. Al salir yo, obviamente, el tercio de la pelea cambió. Puse a mi sobrina a salvo y me encaré a ellas, mientras se abalanzaban sobre mí al grito de maltratador de mujeres, abusón y racista. Al poco estaban marchándose con la amenaza de que bajarían los suyos a vengarles. Y así fue, en pocos minutos allí estaban, no nos había dado tiempo a digerir lo que habíamos vivido, entraron en el bar y empezaron a romperlo todo y a tirarme taburetes encima. Mi sobrina, y las pocas personas que había en el bar, tuvieron que encerrarse en la tienda de al lado y llamar desde allí a la Guardia Civil, mientras les golpeaban las puertas y les instaban a salir para ser machacados bajo todo tipo de amenazas. No sé cuántos eran ni cuántos golpes me dieron, pero sí sé que estaban totalmente fuera de sí, fuera de control. No sé cuándo se hartaron de pegarme, no sé cuándo dieron su venganza por satisfecha. Quizás fuera en el momento en el que yo prácticamente había ya perdido el conocimiento o quizás fuera al escuchar las sirenas de la Guardia Civil o de la ambulancia. Sólo recuerdo a mi sobrina diciéndome: “¡pensé que te mataban!” y abrí los ojos en la cama del hospital». […] @diario16

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Estas personas juegan con el miedo, hacen lo que les da la gana. Yo jamás plantaría cara a un etniano por el miedo de que le puedan hacer algo a mi familia, y como yo hay mucha gente, incluidos los policías.

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