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Terrible… y eso que ni siquiera es Madrid/Barcelona

En la avenida del Cardenal Benlloch se alquila un piso de 49 metros cuadrados por 975 euros. El anuncio ya avisa que la propiedad es una sociedad mercantil y la fianza será de dos mensualidades. Al llamar por teléfono la inmobiliaria fija las condiciones: «Los propietarios hacen seguro de impago y nos piden seleccionar el perfil. Buscan a alguien con nómina que ingrese 3.000 euros al mes. Es el único piso que nos queda libre».

Segundo intento. Piso de 69 metros por 1.015 euros en Soternes. Al otro lado salta una locución: «Si eres el titular del futuro contrato, pulsa 1. Si todos los futuros inquilinos tienen una continuidad laboral de más de un año, pulsa 1. Si la suma del ingreso mensual de los inquilinos es igual o superior al importe del alquiler multiplicado por tres, pulsa 1». Una vez superadas las rondas previas el teleoperador pide no menos de cuatro documentos económicos y unos ingresos netos mínimos de 3.050 euros mensuales. «Nosotros somos una sociedad de un fondo de inversión y los requisitos para todos nuestros pisos son los mismos».

Tercer anuncio. 1.000 euros en la avenida Pérez Galdós. 65 metros. Los inquilinos se van a finales de octubre y la inmobiliaria está acumulando números de posibles clientes para organizar las visitas. «Todos nuestros alquileres están con fianza, una garantía complementaria porque están amueblados y una garantía de alquiler a cargo del arrendatario, que son un 50 % de una renta. Es como un seguro de impago», explica el comercial.

Cuarto anuncio de muchos otros consultados, todos similares. 31 metros por 750 euros en Fernando el Católico. Es el antiguo ático de portería y el baño está fuera, al otro lado del rellano. El trabajador de la inmobiliaria se sincera con su potencial inquilino: «Hoy en día no sé qué más pueden pedir. Nos piden que se cobre tres veces lo que pagará de renta, pero eso en València prácticamente no existe porque las nóminas que nos traen son de 1.600 o 1.800 euros. Si supera el 30% de sus ingresos se considera una persona vulnerable; con los alquileres actuales el 90% de la población lo es».

El mismo comercial reconoce que su inmobiliaria alquila un estudio de 15 metros en la calle Simón Ortíz por 780 euros donde el propietario, afincado en EE.UU. pone condiciones todavía más exigentes. «Pide que ganes tres veces el valor de la renta y un avalista con propiedades para hacerte un contrato de 10 meses porque él lo utiliza en julio y agosto. El problema es que ahora no hay prácticamente pisos de larga estancia mientras se mantienen la demanda, así que miramos todo, vida laboral y nóminas, pero también perfil. Un funcionario tendría 20 puntos sobre el resto». | @levante-emv

Disparate

En estas dos últimas semanas ha dormido en un coche, en una caravana, en casa de un amigo, en el sofá de una amiga y ahora, por fin, ha encontrado una habitación para alquilar. No estamos hablando del caso de una mujer con problemas de integración social: María Pérez es funcionaria judicial con plaza fija en Palma y tiene un salario de 1.850 euros. Nació en Sevilla pero lleva quince años en la Isla y aquí nació su hijo de tres años. Está separada y tiene la custodia compartida con el padre, por lo que volver a su tierra es inviable. | @ultimahora

Extra:

Las cifras dan qué pensar. Un 43% de los menores de 35 años ha desarrollado problemas de estrés a raíz de su situación de vivienda. De cerca le siguen los trastornos de ansiedad (35%), la sensación de frustración (30%) y de fracaso personal (26%) o los problemas de insomnio (25%). En total, un 62%, casi dos de cada tres jóvenes, ha sufrido en algún momento problemas de salud mental derivados de la crisis de la vivienda.

«Los alquileres, sobre todo en ciudades como Madrid, son directamente abusivos. Te toca compartir con cuatro, cinco compañeros, un piso que muchas veces no está debidamente acondicionado, que no se ajusta a la definición de habitable», denuncia Elsa Arnaiz, presidenta de Talento para el Futuro. «En este contexto, la capacidad de ahorro es inexistente. Y para muchos es ya imposible pensar en ese futuro emancipado. ¿Cómo no va a afectar a nuestra salud mental?», se pregunta la graduada en Derecho y Relaciones Internacionales. | @publico

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