Es el caso del Pazo de San Lorenzo de Trasouto, un conjunto arquitectónico de gran belleza situado en la Rúa da Carballeira de San Lourenzo. Solo 10 minutos a pie desde la Alameda separan al visitante de este complejo de gran relevancia histórica, que guarda en su interior uno de los mayores secretos de la ciudad: un laberinto indescifrable.
El Pazo de San Lorenzo es una residencia palaciega del siglo XIII que cuenta con iglesia, extensos jardines y un claustro. Y es precisamente en este último rincón donde se halla el misterio más grande del lugar.
Se trata de un jardín laberíntico de boj, tallado con complicadas formas hace ya cuatro siglos. Al contrario de lo que sucede en las arquitecturas vegetales clásicas, los secretos escondidos del laberinto de Santiago no se desnudan adentrándose en su interior, sino desde el cielo.
A vista de pájaro, los símbolos formados por los muros del jardín se hacen evidentes. El tiempo ha respetado una parte de ellos, lo que le ha permitido a los estudiosos distinguir diferentes figuras alegóricas.
Hay, por ejemplo, varios anagramas religiosos, una concha de vieira y una Cruz de Calatrava. También se aprecian referencias a la parrilla de San Lorenzo y a las llagas de Cristo, así como los signos del Alfa y el Omega, el principio y el final de todo.
Dos veces al año, un jardinero se encarga de perfilar los dibujos, aunque parte del esfuerzo ya sea, lamentablemente, en balde. Tal y como indican desde el propio Pazo de San Lorenzo, algunos de sus símbolos han quedado «ya ocultos, quizá para siempre» o hasta que alguien dé con la clave para desentrañar sus formas.
Los misterios de este laberinto son uno de los secretos mejor guardados de Santiago de Compostela. Pero la belleza del conjunto al que pertenece es de sobra conocida.
En el siglo XVI, el emperador Carlos V empleó el monasterio como lugar de retiro durante la Semana Santa. La reina Fabiola de Bélgica también lo usó como hospedaje, y Rosalía de Castro se inspiró en él para una de las poesías de su obra Follas Novas.
En el poema, la autora alaba especialmente los jardines, que se dividen en cuatro zonas diferentes: el jardín en terrazas, el paisajista, el hortícola y el bosque. Entre todos ellos, se contabilizan más de un centenar de especies distintas, entre las que se aprecian hermosos ejemplares de camelias, gardenias, dalias y antiguos robles.
Al igual que el laberinto, estos jardines históricos de Santiago tienen mucho a sus espaldas, ya que datan del siglo XIX. Su riqueza, junto a la de las construcciones que encierran sus muros, le han otorgado al conjunto el prestigioso título de Bien de Interés Artístico y Cultural. | @elcorreogallego





