La pintura trata sobre la caída de los condenados al infierno tras el Juicio Final, un motivo muy tratado por el arte cristiano a lo largo de la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco. En la parte superior, el Arcángel Miguel sale de un rayo de luz entre nubes oscuras con sus ángeles y portando un escudo redondo de brillo cegador, arroja al abismo una monumental y desbordante cascada de cuerpos desnudos, hombres y mujeres con los que Rubens desata su pasión por la anatomía plasmándolos desde todos los ángulos y poses, siendo atrapados, empujados, arrastrados o mordidos por oscuros demonios de rostros animalescos, ofidios y bestezuelas que se los llevan hacia el fuego del Infierno. En la parte inferior, las bestias que luchan por las almas aterradas incluyen símbolos de algunos de los pecados capitales: el león representa la Ira, la serpiente la Soberbia, el perro la Envidia. En contraste con representaciones comparables, falta Cristo como juez del Mundo con perspectiva de salvación. La fusión casi abstracta de las superficies también es inusual. Su dinamismo y profusión son plenamente barrocos.
