¿Sabías que la misma persona inventó la aspirina y la heroína con 11 días de diferencia?

Felix Hoffmann, un químico alemán que trabajaba en Bayer (entonces Farbenfabriken vorm. Friedr. Bayer & Co.), sintetizó en el laboratorio de Elberfeld:

  • El ácido acetilsalicílico (la base de la aspirina) el 10 de agosto de 1897, en forma químicamente pura y estable.
  • La diamorfina o diacetilmorfina (heroína) el 21 de agosto de 1897, exactamente 11 días después.

Ambas síntesis se basaron en el mismo principio químico: la acetilación (añadir grupos acetilo) de moléculas existentes (ácido salicílico en un caso y morfina en el otro) para intentar mejorar sus propiedades o reducir toxicidad.

Matices importantes

  • No fue el descubridor absoluto de ninguna de las dos. El ácido acetilsalicílico ya se había sintetizado antes (por ejemplo, por Charles Frédéric Gerhardt en 1853), pero de forma impure o inestable. Hoffmann logró una versión pura y usable farmacéuticamente. La diacetilmorfina la había sintetizado por primera vez el químico inglés Charles Romley Alder Wright en 1874; Hoffmann la re-sintetizó de forma independiente.
  • En Bayer, la heroína se comercializó primero (como analgésico y antitusígeno bajo la marca Heroin, porque producía una sensación “heroica”), mientras que la aspirina tardó más en lanzarse (1899) porque el jefe de farmacología, Heinrich Dreser, inicialmente la consideró menos prometedora o incluso riesgosa.
  • Existe cierta controversia sobre la aspirina: Arthur Eichengrün (su superior) afirmó más tarde que él dirigió el trabajo y dio las instrucciones a Hoffmann. Bayer históricamente ha atribuido la síntesis a Hoffmann.

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El cuadro de hoy, uno de mis favoritos: «En una hostería romana» (1866) de Carl Heinrich Bloch

Carl Heinrich Bloch (1834–1890) fue uno de los pintores más destacados del clasicismo académico danés. Aunque comenzó retratando escenas costumbristas de la vida cotidiana, alcanzó la inmortalidad artística gracias a su obra religiosa y sus magistrales representaciones de la vida de Jesucristo. Su enfoque combina el rigor técnico de la academia con una profunda sensibilidad humana.

Realismo Académico y Emotivo: Bloch poseía una técnica virtuosa capaz de reproducir texturas, anatomía y detalles con precisión fotográfica. Sin embargo, su realismo no era frío; buscaba generar una conexión emocional inmediata con el espectador, conmoviéndolo a través del gozo, el sufrimiento o la introspección.

Composición Teatral: Sus cuadros están organizados como si se tratara de una puesta en escena teatral. La disposición de los personajes secundarios y los elementos del entorno guían la mirada del espectador directamente hacia el punto neurálgico del relato.

Rompiendo la «Cuarta Pared»: Una constante en su estilo es la inclusión de uno o varios personajes que miran directamente al espectador. Esto ocurre tanto en su obra costumbrista (como en la famosa pintura En una hostería romana) como en sus cuadros religiosos. Esta técnica confronta al observador y lo hace partícipe de la escena.

Espiritualidad sin Artificios: A diferencia de la tradición católica barroca, el arte religioso de Bloch (de corte luterano) carece de querubines, grandes alas o halos de luz flotantes. Prefiere retratar la divinidad a través de la dignidad humana, la compasión y expresiones genuinas.