
Retraso en la cohabitación
«En mi caso lo que estudio es la primera soltería, la de pasar, como joven adulto, de estar soltero a estar casado o a cohabitar en pareja. Una soltería que si se pierde no se recupera», puntualiza Miret. «La emancipación en España está todavía mayoritariamente relacionada con la formación de la primera pareja», agrega. Según su análisis, en los años ochenta se dejaba de estar soltero por primera vez a los 25 años (ellos) y a los 22 años (ellas). Para 2018, ya era a los 29,5 años (ellos) y a los 27 (ellas). Pero todavía es más tardía la edad en el caso de los matrimonios formalizados, por la iglesia o civiles: la estadística dice que se ha pasado de los 33 años de media de 2011 a los 36,8 años, en 2022. Aunque el número bodas subió tras la pandemia, todavía siguen en cotas mínimas históricas.
Las consecuencias de que en cuatro décadas se haya retrasado cinco años la emancipación en pareja, dice Miret, «está representando un problema social muy importante». Una de las consecuencias más evidentes, la baja tasa de natalidad que tiene España.
En su investigación, el demógrafo del CED identifica dos circunstancias como precursoras de una mayor tendencia a la soltería: un alto nivel de instrucción en las mujeres y la falta de empleo en los varones. «En tanto que un hombre parece que la formación de pareja está muy vinculada a tener una relación laboral estable, en las mujeres parece que se mantiene que cuanto más estudian más tarde y menos forman pareja», sostiene.
El «soltero o soltera de por vida» lo que define Miret como esa persona que en 39 años nunca se ha casado ni ha vivido en pareja. «De alguna forma ya no se plantea en la biografía la convivencia a dos con vínculo sentimental. Sea porque no haya querido o no haya podido. Esto es lo que está aumentado de manera muy espectacular en España», explica.
Las causas identificadas del cambio social son que los jóvenes adultos dedican más años a la formación, perciben falta de estabilidad laboral, sufren escasez de vivienda accesible, los que dificulta emanciparse de la vivienda de los padres, «donde se pasa más tiempo de lo normal», y además se ha producido un cambio cultural consistente en la pérdida de importancia de la formación de la familia en una balanza con los costes vitales que supone a los individuos. | @20m