Hombre normal. Viendo dónde va el dinero…

Pelea fiscal. La búsqueda del pelotazo rápido va de la mano ahora con una tendencia entre los jóvenes a no pagar impuestos. Creen que se paga demasiado y no están de acuerdo con su destino. De ahí que sigan saliendo ejemplos de jóvenes del sector digital que hacen las maletas y se van a Andorra o Dubai. No se esconden: “No me avergüenza, para nada, no pagar impuestos”, señala uno. De Europa a EE.UU., el fenómeno se extiende. Son los jóvenes insumisos fiscales. Alguno puede acabar tentado e intentar alguna artimaña para pagar menos. Las trampas de los cambios de domicilio, algo común en este frente, pueden parecer el crimen perfecto. Pero son uno de los fraudes que más persigue Hacienda. Ya sean traslados entre autonomías o al extranjero, es una carrera entre defraudadores y autoridades, porque cada uno cuenta cada vez con más herramientas para sus objetivos.

Cosas imposibles. Lo que no parece tener solución es la vivienda. Parte de la insumisión fiscal parte de la idea de para qué pagar tantos impuestos si no se puede acceder ni a un piso. Para los jóvenes, es una tarea imposible. Esta semana buscamos motivos, cifras y casos. ¿Por qué un joven hoy no puede comprar una vivienda como la de sus padres? La respuesta la hemos condensado en este vídeo. La salida del alquiler está igual de complicada, y de hecho pagar un arrendamiento ahoga más en el presupuesto vital que una hipoteca. Para hacerse una idea, una de cada cuatro personas se ve obligada a recortar gastos para cubrir los pagos. Al alquilar el respiro de los tipos de interés o el Euribor poco importa.

Saber gestionar. Entre rebeldes y dificultades vitales, los jóvenes se ven empujados a gestionar lo mejor que puedan el dinero que tienen en sus manos. Con unos salarios que tardarán años en ser ideales, al arrancar las carreras laborales es más importante aún. En el pasado hemos hablado del tema, y salen señalados. “Son una generación muy consumista, no saben ahorrar”, nos explicaba el economista Ricardo Palomo. Habrá que intentar guiarlos, aunque a veces se dejen aconsejar por falsos gurús que se mueven por las redes. Más que fiarse de ellos hay que intentar planificar y ser más metódicos. Y si ese primer empleo o primeras experiencias resultan terribles y no se pueden aguantar, recordemos: “Si odias tu trabajo… empieza a ahorrar”, como nos decía Meik Wiking, que tiene los secretos de la felicidad laboral danesa.

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