El bar no es para comer y beber
El reflejo más claro de esta divergencia en la concepción del tiempo es el bar. Rápidamente, las visitantes descubren que la restauración no es, como en el mundo anglosajón, un lugar de ingesta de calorías. Susanna, que ahora vive en un pequeño pueblo de Almería llamado Garrucha, recuerda que, en sus casi cinco años en España, solo le ha ocurrido una vez algo que es muy habitual en su país: que el camarero le invite a marcharse entregándole la cuenta pronto o preguntándole con insistencia si quieren algo más.
“Antes de mudarme aquí nunca había experimentado la cultura de las terrazas. Claro, tenemos cafeterías y bares en EEUU, pero es una actividad económica en lugar de una actividad social. Como los camareros dependen de las propinas, te echan más rápidamente de las mesas”
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