Asi son los baños públicos en Palermo pic.twitter.com/KS9r2Ulf3N
— Pablo (@AbogadoDijo) August 31, 2025
Mohenjo-Daro es el equivalente piscinero de La Meca: cualquier devoto de los chapuzones debería visitarlo al menos una vez en la vida. El problema es que está disuasoriamente lejos. A 8.564,5 kilómetros o cuatro días enteritos conduciendo desde la Puerta del Sol. Además, quien viaje pensando en encontrar un despampanante rectángulo azul se llevará un chasco. Las ruinas de La gran bañera (12 x 7 y 2,40 metros de profundidad) se encuentran en una colina polvorienta. Hay que estrujarse bien las meninges para imaginar que allí, en uno de los mayores asentamientos de la civilización del valle del Indo (2500-1800 a.C.), en la actual provincia paquistaní de Sindh, el hombre descubrió la felicidad acuática.
«Quien posee una piscina también guarda en el bolsillo la llave de la alegría de otras personas«, escribió la periodista Anabel Vázquez en su ensayo-tratado Piscinosofía (Libros del KO, 2023), donde dedicó precisamente un capítulo a esta instalación milenaria construida con ladrillo. Se desconoce si tenía una función religiosa o erótico-festiva. Tampoco se sabe cómo se las apañaban sus usuarios para chapotear sin ahogarse. Mohenjo-Daro, por cierto, significa montículo de la muerte en urdu.
La comarca vallisoletana de Montes Torozos queda bastante más a mano que el valle del Indo. Y en su paisaje cereal de ocres y dorados sí que puede disfrutarse de una lámina de agua que, en el quinto verano desde su inauguración, se ha convertido en icónica. No sólo para la región y sus habitantes, sino incluso para la Bienal de Venecia de Arquitectura.
Antes todo esto era campo; hoy es la piscina de Castromonte.
Si has tenido la mala suerte de que tu ciudad ha empezado a tener mucha demanda y ser muy cara, hay dos opciones, si te lo puedes permitir te quedas y si no te lo puedes permitir te vas. Puede pasar al revés, ser una ciudad apañada y guay y convertirse en un mojón. A mi me pasó lo segundo. Hace 20 años vine de Ucrania a Los Alcázares, Murcia. Hace 20 años esto era un paraíso, cero extranjeros, el Mar Menor estaba perfecto, agua cristalina, caballitos de mar… y ahora ha empeorado y bastante gente se ha pirado.
Extra:
La historia real:
Década de 1980 – Cádiz: Canelo era un perro mestizo que vivía con un hombre humilde en la ciudad. El animal lo acompañaba siempre, también al hospital Puerta del Mar cuando su dueño debía someterse a diálisis.
Como no se permitía la entrada de animales, el hombre dejaba a Canelo esperando en la puerta hasta terminar el tratamiento. El perro se quedaba quieto, paciente, vigilando.
Un día, el hombre falleció durante la diálisis. Canelo no lo supo, pero lo esperó igualmente.
Tras la muerte de su dueño, Canelo siguió yendo cada día, durante más de 12 años, a la puerta del hospital, aguardando el regreso de la persona que ya no volvería.
Fue alimentado por vecinos y transeúntes que se enteraron de su historia.
En un momento, se intentó llevarlo a una perrera, pero la presión popular logró su liberación para que pudiera volver a su puesto.
En 1990, Canelo fue atropellado accidentalmente cerca del hospital.
Su fidelidad había conmovido tanto a los gaditanos que se convirtió en un símbolo local.
En Cádiz hay una calle llamada “Perro Canelo”.
Existe una placa conmemorativa cerca del hospital que dice:
“A Canelo, que esperó fielmente durante 12 años en la puerta del hospital la vuelta de su amo fallecido”.