educación

Estoy con los profesores.

«MEDIR EL SENTIMIENTO». Los currículos están impregnados de todo el ideario del PSOE y Unidas Podemos y eso se ha plasmado después en los libros de texto, donde se acusa a los filósofos clásicos de «machistas», se arremete contra los medios de comunicación y se insiste machaconamente en la «memoria democrática», la Ley Transy los «animales como seres sintientes». Es lo que Xavier Massó, presidente de la Fundación Episteme (el equivalente a Ocre en Cataluña), denomina «un catecismo laico». José Das cree que «se pierde la esencia del contenido para facilitar lo ideológico». Eso ha ido acompañado de una corriente emotivista que ha subjetivizado el aprendizaje. «Uno de los criterios de evaluación es el sentimiento que tienen que producirle al alumno las Matemáticas. Pero, vamos a ver, ¿cómo se mide eso?», expresa.

«CADA VEZ MÁS DIECES». En esta legislatura, los alumnos pueden pasar de curso e incluso obtener el título de la ESO sin límite de suspensos. En Bachillerato, pueden ir a la Selectividad con una asignatura pendiente. Estas medidas declaradas por Celaá como excepcionales durante el Covid se han quedado para siempre en la norma de Alegría. «El hecho de que la decisión de promoción o titulación recaiga en los equipos docentes, con independencia del número de asignaturas no superadas, provoca un tratamiento muy desigual, no sólo entre centros sino dentro de un mismo instituto», denuncia Tirado. La pandemia también trajo más facilidades para la prueba de acceso a la universidad que, tres años después, se han mantenido. El sistema permite que los alumnos puedan sacar un 10 estudiándose sólo la mitad del temario. | @elmundo

Yo tengo un dilema ahora mismo con mi hermana

Mi hermana acaba de terminar el 1º de bachillerato. Y no sabe qué quiere estudiar. Dice que no le gusta nada ¯\_(ツ)_/¯. Hemos mirado los grados superiores y las universidades que hay y no le llama nada. Y yo la presionaba para que piense, para que ya tenga una idea y nada…  Ahora he optado por dejarla en paz. La verdad es  que no sé qué hacer en un caso así. Lo de OnlyFans descartado, no es tan marrana como su hermana mayor 🙂

Con frecuencia, tanto en primaria como en secundaria, la motivación de los estudiantes se basa en diversas recompensas que ofrecemos por el trabajo realizado. Es decir, estudian para sacar buenas notas u obtener diferentes premios por su implicación en el estudio.

Se trata de una dinámica conductista, un modelo que tiene su origen a principios del siglo XX. Este modelo se centraba únicamente en la conducta observable, obviando los procesos mentales que estén asociados a la experiencia.

En las investigaciones que dieron origen al conductismo se observó cómo las personas tendían a repetir conductas cuando, tras realizarlas, recibían algo agradable: un premio, unas palabras de reconocimiento, un sobresaliente, etc. Esto es lo que se llama un refuerzo o recompensa.

Por el contrario, las personas tienden a disminuir la frecuencia de aparición de conductas cuando éstas se asociaban a algo no agradable o deseable por la persona: quedarse sin algo que le gusta, una regañina, etc. Esto es lo que llamamos castigo.

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1. ¿Cómo crees que será tu hijo?, controla tus expectativas

«Se dice que un niño no nace cuando es concebido, antes nace en el mundo de fantasía de ese padre o esa madre», explica Jaime Picatoste. Este punto de partida es básico. Debemos entender que una cosa son las expectativas y otra es la realidad. Y que las primeras no pueden perjudicar a la segunda.

Expone Picatoste ciertos razonamientos que todos deberíamos plantearnos: «¿Qué expectativas tengo sobre el hijo que quiero tener y cómo será realmente el hijo que va a aparecer? Este es muchas veces el gran esfuerzo que tiene que hacer el mundo adulto para adaptarse a lo que trae ese niño, a su temperamento. Hay niños más sensibles y niños menos sensibles». Partir desde la idealización, requerirá el esfuerzo de «sacrificar parte de tus expectativas y adaptarte». Ahí empieza todo.

Sara Tarrés coincide plenamente. «La realidad nos pone en nuestro lugar; nos viene a recordar que habíamos colocado nuestro ideal demasiado arriba. Y cuanto más arriba esté, más frustración. Aquí vienen las decepciones. Relacionamos la maternidad con sensaciones placenteras, pero cuando las expectativas no se ajustan con la realidad, aparecen las emociones displacenteras. Comienzan las comparaciones: con el ideal, con el hermano, con el vecino. Empezamos a etiquetar, a juzgar y ridiculizar. Le decimos lo torpe que es o que ‘mira que es tímido’», explica Tarrés; empezamos a cohibirles en su desarrollo. «No le damos importancia, lo vemos como algo normal que le animará a ser de otra manera, cuando el efecto es totalmente el contrario: lesionamos su autoestima y su autoconcepto», advierte.

Por tanto, y lección número uno, no etiquetemos. Los niños son esponjas y esto repercutirá en el largo plazo. ¿Les suena la teoría de la indefensión aprendida, el efecto Pigmalión o la profecía del autocumplimiento? Frases inocentes —pero machaconas— como «es muy buen estudiante», «es muy responsable» o «mira qué bueno es» no hacen otra cosa que inculcar que ese comportamiento se vaya haciendo cada vez más visible en él; para lo bueno y lo malo. «Quizás ese niño o esa niña serían de otra manera, pero ya lo hemos encaminado hacia ahí. Pero lo mismo con el ‘bala perdida’ o el ‘torpe’, ¿para qué se va a esforzar si nunca lo va a hacer bien porque es un desastre?»

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