
Cuando, hace dos años, nació el primer nieto de Miranda, ella y su marido se desplazaron a Madrid, a conocerlo. “Nos dijeron que podíamos venir al hospital, estábamos muy ilusionados”, recuerda. Pero al llegar, se llevaron una sorpresa: “En cuestión de horas, las cosas habían cambiado: mi hijo y su esposa nos dijeron que ya no éramos bienvenidos y que no podíamos tocar al bebé, por miedo a los contagios”. Así, en aquel primer encuentro, los abuelos contemplaron al nieto desde una prudente distancia y se marcharon. “Me quedé de piedra, porque en casa somos muy de achucharnos, pero vi el estrés en los ojos de mi hijo y seguí las normas”, recuerda Miranda. No pudo coger a su nieto hasta varios días después: “Aunque le pusieron una tela, para protegerlo”.
Por lo menos, dice, “pude verlo al poco de nacer; tengo una amiga a la que su hija, después de dar a luz, le pidió que no que fuera a visitarla durante un mes”. Eso mismo le sucedió a Beatriz cuando nació su primera nieta, el pasado mayo: “Mi hija es médica y vive en el norte de Europa. Siempre ha sido muy independiente. Antes de nacer el bebé ya nos dijeron que no querrían recibir visitas durante el primer mes, para evitar infecciones y preservar su intimidad”. Beatriz se sorprendió (“en un primer momento me sentó mal, sí”), pero respetó el deseo de los nuevos padres. “Porque, aunque yo soy más relajada y me pareció que ahí había quizás hiperprotección —o hipercontrol—, los tiempos cambian y lo importante era que ellos estuvieran bien”.
María, la hija de Beatriz, entiende que tanto para su familia como para la de su marido “fue muy raro el no poder venir esos primeros días, pero para nosotros lo más importante era estar con nuestro bebé en casa, solos”, recalca. “Mi lógica fue: «Yo a este bebé no lo conozco y este bebé no me conoce ni a mí ni a mi marido». Por tanto, queríamos vivir esta experiencia de la forma más íntima posible”. Sin olvidar que, con las vacunaciones a la baja, las enfermedades infecciosas son más frecuentes: “Y los bebés, muy vulnerables”. Además, María no tuvo un embarazo fácil y se hartó de escuchar consejos y comentarios. “Estuve muy susceptible y sabía que, en el posparto, todo me iba a afectar. Fue otra de las razones para tomar la decisión”. | @lavanguardia















