Ehem… cómo te lo digo Irene…

Tener muchos hijos es una rebeldía en los tiempos que corren. Mientras que la mujer media en España tiene 1,11 hijos (INE, 2025), hay algunas valientes, como Irene Alonso, que se lanzan a la aventura de tener una familia numerosa. Esta madrileña tiene 12 hijos junto a su marido, Israel Madrigal. La cifra es sorprendente, sí, aunque ella se considere «una madre normal».

¿Se puede ser una madre normal teninedo tantos niños a tu cargo? Ella lo tiene claro: «Hago lo mismo que tú, hago lentejas, cambio pañales, limpio baños, pero por 12, o sea, para más gente. Ya está, no tiene nada de excepcional. Para mí es una vida muy normal. Para mí mi vida es muy normal. Entiendo que a la gente le parezca super chocante».

Irene Alonso, madre de 12 hijos e hija de Dios

Siendo realistas, la relación íntima y personal con Dios viviendo en una familia con 12 hijos también puede ser contemplativa, pero en el ruido. «He tenido problemas con esto bastante porque mi vida es bastante caótica y es difícil encontrar paz en el día a día», confiesa.

Cuando se ve en un momento de gran agobio por la lista de tareas, Irene para -aunque sea mentalmente- y dice una sencilla oración: «Dios mío, yo sé que necesito tiempo de oración, yo sé que necesito dedicarte tiempo, sé que necesito una intimidad contigo, no sé cómo narices hacerlo con mi vida si no paro desde que me levanto hasta que me acuesto». | @abc

«Iván el Terrible y su hijo» también conocido como «Iván el Terrible mata a su hijo» by Iliá Repin, 1885.

Es uno de los cuadros más famosos y controvertidos de Rusia.

Historia de la obra

Estas dos figuras son Iván IV el Terrible (1530-1584), primer zar del Zarato moscovita, y su primogénito, Iván Ivánovich (1554-1581). Según escritores polacos, este hecho sucede cuando Iván IV, en uno de sus ataques coléricos, trata de golpear con un bastón a la esposa de su hijo, quien estaba embarazada, por vestir ropas poco ortodoxas; por lo que el primogénito se enfrenta a su padre con la mala suerte de recibir un fuerte golpe en la sien que acaba con su vida. Ante el acto llevado a cabo por el zar, este se arroja a abrazar a su hijo tratando de obstruir la salida de sangre en un momento de lucidez y arrepentimiento. En este aspecto el artista consigue captar perfectamente la psicología del personaje, pero mostrando la escena de forma estremecedora, no idealizada.

En el siglo xix, se dan dos teorías que hablan de que el zar padecía algún trastorno mental (manía persecutoria) o la sífilis, la cual, durante el siglo xvi, se trataba con pequeñas dosis de mercurio, lo que provocaba efectos secundarios como insomnio, dolor de cabeza o alteraciones emocionales. Con esto estaríamos ante una justificación a los actos violentos por los que era famoso Iván el Terrible, aunque dichos actos no eran temidos por el pueblo ruso, por lo que la violencia y agresividad de su mandato fue en aumento hasta alcanzar cierto grado de locura, llegando a asesinar a amigos y familiares. Además, este temperamento colérico no solo viene dado por supuestos problemas físicos o mentales, sino que sus orígenes podrían atribuirse al ambiente en el que creció o a una serie de inoportunos acontecimientos ocurridos durante su reinado, como la pérdida de su primera esposa o su fallida campaña de expansión mercantil hacia Occidente por el mar Báltico.

Que aparezca este personaje como figura principal de la composición no es de forma azarosa, pues Iván el Terrible tuvo una gran importancia en el desarrollo de la historiografía de Rusia. Entre los historiadores y cronistas, tanto de la actualidad como de épocas pasadas, hay ciertas discrepancias sobre su actuación política y social durante su reinado. En primer lugar, están los que defienden sus actos genocidas para “evitar un mal mayor” para el Estado, es decir, que toda la política de represión que lleva a cabo ante la alta aristocracia, la Iglesia o el pueblo está justificada como un hecho que beneficia el avance y la estabilidad política y económica del país. Se le considera un héroe de la patria. En segundo lugar, y en oposición a esta visión patriótica, encontramos la postura que critica estas acciones genocidas. Estas teorías hacen referencia a su «mala política», ya que se considera que todo lo llevado a cabo no fue bajo sus órdenes, sino que se hicieron bajo la dirección de un Consejo o que lo bueno que le ocurrió al país fue consecuencia del azar. En el caso de esta obra, Repin opta por mostrar una de las consecuencias del temperamento del zar, representando el rostro de Iván el Terrible con una expresión consternada por lo que acaba de hacerle a su hijo. Con esto el artista trata de profundizar en la psicología del personaje, además de hacer una especie de crítica hacia la dinastía del zar, dando a entender que las acciones llevadas a cabo por Iván IV, tanto en el ámbito privado como en el público, y su ambición de poder, le llevan al desgaste mental extremo, llegando a acabar con la vida de su amado primogénito.