

Foto: Antena 3
Un joven de 26 años, previamente sano, ha muerto en China por una rabia que los médicos no vieron venir. Todo empezó con una caída de unos tres metros mientras trabajaba: al principio solo tenía un ligero dolor de espalda, pero diez días después empezó a perder fuerza en las piernas. En un segundo hospital lo achacaron a una lesión de la médula por el golpe, sin llegar a hacerle una resonancia, y el chaval fue a peor hasta acabar con parálisis completa de las piernas. Hasta llegó a contarle a su familia que, al beber agua, sentía que le «entraba en el cerebro».
Ya en estado crítico en el West China Hospital de Sichuan, repasando su historial dieron con la clave: cuatro meses antes le había mordido un zorro en la zona lumbar. La herida había cicatrizado y nunca recibió la vacuna posexposición. Un análisis genético del líquido cefalorraquídeo confirmó en menos de 48 horas el virus de la rabia, en su forma paralítica, que supone alrededor del 20% de los casos y se confunde con facilidad con otras dolencias neurológicas. No hubo nada que hacer: murió por fallo autonómico y respiratorio. Los autores del caso, publicado en ‘Frontiers in Medicine’, lo ponen como ejemplo del «sesgo de anclaje»: quedarse con la primera explicación aunque los síntomas no encajen.

Fuente: Antena 3.









