Los edificos más icónicos de cada país

  1. Taj Mahal – India.
  2. Burj Khalifa – Emiratos Árabes Unidos.
  3. Ópera de Sídney – Australia.
  4. Torre Eiffel – Francia.
  5. Empire State Building – Estados Unidos.
  6. Big Ben – Reino Unido.
  7. Torres Petronas – Malasia.
  8. Torre Inclinada de Pisa – Italia.
  9. Merdeka 118 – Malasia.
  10. Templo del Loto – India.
  11. Coliseo – Italia.
  12. One World Trade Center – Estados Unidos.
  13. Catedral de Notre-Dame – Francia.
  14. Sagrada Familia – España.
  15. Puerta de Brandeburgo – Alemania.
  16. Catedral de San Basilio – Rusia.
  17. Gran Muralla China – China.
  18. Basílica de San Pedro – Ciudad del Vaticano.
  19. Dubai Frame – Emiratos Árabes Unidos.
  20. Santa Sofía – Turquía.

¿Qué es más raro que el oro?

El antiguo faraón egipcio, Tutankamón, poseía una daga hecha de un meteorito.

La daga de hierro encontrada en la tumba de Tutankamón (descubierta en 1925 por Howard Carter, dentro de las envolturas de la momia) tiene una hoja fabricada con hierro de origen meteorítico. Esto se confirmó de forma sólida mediante análisis científicos no destructivos.

Evidencia principal

En 2016, un equipo italo-egipcio analizó la hoja con espectrometría de fluorescencia de rayos X portátil. La composición es principalmente hierro con aproximadamente 10,8–11,8 % de níquel y 0,2–0,58 % de cobalto (relación Ni/Co típica de meteoritos). El hierro terrestre antiguo (antes del siglo XIX) rara vez supera el 4 % de níquel, por lo que estos valores apuntan claramente a un origen extraterrestre.

Estudios posteriores (alrededor de 2022) reforzaron esto al detectar el patrón de Widmanstätten (estructura de bandas característica de las octaedritas, el tipo más común de meteoritos de hierro) y restos de inclusiones como troilita (sulfuro de hierro), que se conservan solo si el metal se forjó a temperaturas relativamente bajas (por debajo de ~950 °C).

Contexto histórico

En la época de Tutankamón (alrededor del 1330 a. C., Edad del Bronce tardía), la fundición de hierro terrestre aún no estaba extendida en Egipto (la Edad del Hierro llega más tarde). El hierro meteorítico era raro, valioso y se consideraba “hierro del cielo”. Se usaba para objetos preciosos o ceremoniales. La daga tiene un mango de oro decorado y una vaina de oro; su alta calidad de fabricación sugiere un buen dominio del trabajo del hierro meteorítico (martillado/forjado).Algunos estudios sugieren que pudo ser un regalo extranjero (posiblemente de Mitanni/Anatolia, mencionado en las cartas de Amarna como un presente a Amenhotep III, abuelo de Tutankamón), en lugar de fabricarse en Egipto, por detalles del mango y la técnica de forja.

 

Fuente del Ángel Caído, parque del Retiro, Madrid

En 1877, durante su tercer año como pensionado en la Academia Española de Bellas Artes de Roma, el escultor madrileño Ricardo Bellver (1845-1924) realizó en yeso la obra llamada El Ángel Caído.

Al año siguiente ganó con ella, por cinco votos contra dos, la Medalla de Primera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes, celebrada en Madrid.[1][2] El catálogo de dicha exposición menciona unos versos de El paraíso perdido, de John Milton, en los que está inspirada la escultura, entresacados de la tercera y cuarta estrofas del Canto I:

Por su orgullo cae arrojado del cielo con toda su hueste de ángeles rebeldes para no volver a él jamás. Agita en derredor sus miradas, y blasfemo las fija en el empíreo, reflejándose en ellas el dolor más hondo, la consternación más grande, la soberbia más funesta y el odio más obstinado.

Canto I de El paraíso perdido, Milton

La obra fue adquirida por el Estado por 4500 pesetas, según la tasación previamente efectuada por el Jurado de la Exposición, y se decidió enviarla a París, con motivo de la Exposición Universal de 1878. Dado que en ella solo se admitían esculturas de mármol o bronce, se iniciaron los trámites para realizar la fundición en dicho metal. Bellver sugirió hacerla en Roma, pero finalmente se llevó a cabo en París, por la casa Thiebaut-Fils.

El Ángel Caído pasó luego a formar parte de la colección del Museo Nacional. En octubre de 1879 su director, Benito Soriano Murillo, sugirió a la Dirección General de Instrucción Pública exponer la obra al aire libre:

(…) la estatua del Ángel Caído, por lo atrevido de su composición, por su original actitud y también por la materia en que ha sido fundida, tal vez no produzca todo el efecto apetecido, encerrada cual está en los estrechos límites de una sala, mientras que colocada en un sitio público, al aire libre con más espacio y horizonte, luciría ventajosamente el mérito de tan bella creación, sirviendo al mismo tiempo de ornato e iniciando de este modo al público en la contemplación de los buenos modelos del arte plástico que tan poderosamente contribuye a su cultura.

Benito Soriano

La petición fue aceptada y la escultura se traspasó como regalo al Ayuntamiento de Madrid para su instalación en un lugar público de la capital. El sitio elegido fue un espacio libre en los Jardines del Buen Retiro, ocupado anteriormente por la antigua Fábrica de Porcelanas de la China.

En mayo de 1880, Francisco Jareño, arquitecto responsable del Ministerio de Fomento, recibió el encargo de diseñar un pedestal sobre el que se apoyaría la obra de Bellver. Se ejecutó en granito, bronce y piedra, adoptando la estructura de una fuente con un amplio pilón. El conjunto fue inaugurado oficialmente en 1885.

Desde los años 1990, en el museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se expone una réplica de El Ángel Caído realizada en resina de poliéster sobre molde de silicona.