
Así es como el tejido adiposo, siempre vilipendiado, ha adquirido un nuevo valor de mercado. No se reutiliza la grasa propia sino la procedente de cadáveres. De hecho, el procedimiento se ha ganado un nombre difícil de ignorar. En el sector ya se conoce como ‘zombie filler’, relleno zombi en inglés. Detrás de esta etiqueta está AlloClae, un producto que surgió en 2024 y que se elabora a partir de tejido adiposo de donantes fallecidos y se procesa para inyectarse bajo la piel.
«Lo conocí el año pasado en el congreso de la Sociedad Americana en Nueva Orleans. Me quedé estupefacto al ver su ‘stand’», explica a ABC Joan Fontdevila, cirujano plástico y presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética. La propuesta cubre, según el especialista, un espacio que hasta ahora quedaba entre los rellenos tradicionales, apropiados para pequeñas cantidades, y la transferencia de grasa del propio paciente (lipotransferencia), que exige pasar por una intervención quirúrgica.
Porque para aumentar, por ejemplo, unos glúteos mediante grasa del propio paciente, primero hay que tener de dónde sacarla. El cirujano realiza una liposucción en abdomen, muslos u otra zona, procesa el tejido y vuelve a implantarlo. Con AlloClae ese primer paso desaparece: el producto se extrae del envase y se inyecta. Sin quirófano ni proceso de recuperación. El propio fabricante, Tiger Aesthetics, lo presenta como un producto «destinado al ‘body contouring’» y la «única alternativa no quirúrgica». | @abc




