

La frescura de la fruta, las gotas de agua que resbalan por la sandía recién cortada, las pepitas esparcidas sobre el suelo o los matices de las manzanas revelan la extraordinaria capacidad de observación de Luis Meléndez. Cada elemento está representado con un minucioso realismo que transmite la textura, el peso y la madurez de los frutos.
La composición, ordenada y equilibrada, concede todo el protagonismo a los productos de la huerta, resaltados por un delicado juego de luces y sombras que acentúa su volumen y presencia. Al fondo, un discreto paisaje introduce una nota poco frecuente en la producción del artista y aporta profundidad a la escena, evocando modelos del bodegón italiano, cuya influencia Meléndez conoció tanto por la formación recibida de su padre, Francisco Antonio Meléndez, como por la estancia de la familia en Nápoles.
Considerado uno de los grandes maestros del bodegón europeo del siglo XVIII, Luis Meléndez elevó la representación de alimentos y objetos cotidianos a una categoría artística excepcional, combinando rigor descriptivo, riqueza cromática y una extraordinaria atención al detalle. | @museodelprado






Sobre el pintor:

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La nueva campaña de Desigual, para anunciar una colección con Ottolinger, ha generado polémica.
Los usuarios critican la sátira de cuestiones como la gentrificación, especialmente al tratarse de una marca de origen local.
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— Reason Why (@ReasonWhy) September 3, 2026
Y no podía faltar la disculpa 🙂


Vuelve el colegio, vuelve la turra del dinero que cuesta. Cada año es el regreso más caro de la historia. Es cierto, ha subido, como por desgracia sucede con todo en España menos el kebab, y los medios y las redes corren a recoger testimonios de padres desesperados: «¡Oh, dios mío, me he gastado miles de euros en material, uniforme y matrícula! ¡No hay derecho!». Sí lo hay, sí. Los hijos son caros y nadie te obligó a tenerlos. Mucho menos, a meterlos en un privado.
Hay que protestar por la inflación, pedir muchas más ayudas para material a quienes las necesitan y ojalá evolucionásemos hasta alcanzar un modelo laboral flexible que permitiera ahorrarse utilizar los comedores y las extraescolares como necesidad y no como recurso. Por supuesto que hay que reclamar todo eso, pero no es lo que se hace en esta indignación sobreactuada de cada septiembre.
No se persiguen reivindicaciones, se buscan populismo y cifras disparatadas que se consiguen tomando como referencia a padres que (con todo el derecho a hacerlo, pero ninguno a patalear luego) han metido a sus hijos en colegios privados con su consiguiente matrícula cara, sus libros que en la pública y la concertada de toda España se pueden conseguir la gran mayoría gratis y sus uniformes. En esto último obvian, por cierto, que es más caro comprarles ropa de civil para todo el curso. Créanme, tengo una preadolescente, pero no se me ocurre contar mi enésima visita al Bershka como gastos escolares porque tampoco es plan de que la pobre salga como Mowgli en El libro de la selva.
En realidad, en la pública y la concertada, el precio del colegio en España sigue siendo razonable: unos 600 euros por alumno incluyendo comedor y material. Un móvil de gama media, vamos. No parece exagerado para la educación de un hijo en una sociedad que ha asumido con normalidad que se paguen 1.500 euros por operar a tu mascota (yo el primero, ojo). Lo que me pregunto es por qué este interés en generar polémica alrededor de los niños.
Me asombró en verano la reacción virulenta contra una columna de Ana Iris Simón criticando los hoteles sólo para adultos. Sin estar de acuerdo con todo (si tanto te incordia un niño siendo niño, yo también prefiero no verte con cara de asco en la piscina), atinaba en lo mollar: no es ya que los críos molesten (siempre lo han hecho, es su naturaleza) sino que los adultos han perdido la capacidad de entenderlo o, al menos, disimular públicamente su egoísmo. Se pinta al niño como un problema. Eso es triste cuando lo hace quien no los tiene, pero se vuelve trágico cuando lo hacemos los padres por tener que pagar 20 euros más en cuadernos. ¿Saben qué sale mucho más barato? Un preservativo. | @elmundo