El vídeo que muestra la sorprendente capacidad de células y microorganismos para resolver complejos laberintos mejor que muchos humanos

¿Cómo puede una célula orientarse en un laberinto de vasos y tejidos?

Las células navegan por nuestro cuerpo usando lo que se denomina la ‘quimiotaxis’, esto lo sabemos. Es un sistema de señales químicas que guían a las células. El problema es que estos mecanismos tienen un alcance limitado y, con todo eso, las células son capaces de viajar larguísimas distancias en numerosas ocasiones. El cómo es algo que aún no comprendemos bien.

Así que Luke Tweedy y sus colegas se pudieron manos a la obra para tratar de averiguar cómo lo hacían. Usaron modelos computacionales, sí, pero también experimentos con células vivas. Crearon una serie de laberintos de microfluidos en miniatura(inspirados en los del famoso Palacio de Hampton Court, cerca de Londres) y observaron cómo el Dictyostelium discoideum una especie de ameba del suelo, se las arreglaba para resolverlos. | @xataka

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También hicieron la prueba con células cancerígenas:

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Monte Saint-Michel, Isla de Francia

Comienza emergente como una protuberancia gris, entre el azul del cielo y el marrón de la inmensa bahía que lo envuelve. Y conforme nos acercamos, termina siendo majestuoso, descomunal y, al mismo tiempo, coqueto.

Original como pocos lugares en el mundo, el Mont-Saint-Michel es una fabulosa paradoja : presume de ser una de las mayores atracciones turísticas de Francia, pero se esconde del mundo, agazapado en los confines del noroeste galo, casi dejándose querer en lugar de atraer con su arquitectura grandiosa.

Templo de la peregrinación religiosa o víctima del turismo de masas, conocerlo a fondo no deja indiferente a nadie.

Lo más atrayente del Mont-Saint-Michel es, sin duda, la acción de sus mareas, las más grandes del viejo Continente. Situado en el estuario del río Couesnon,y en medio de una bahía periódicamente invadida por el mar, en función de la hora del día podemos estar en una isla, o en un peñón conectado con el Continente a través de un vasto terreno de arenas movedizas. Algo que siempre lo hizo ideal como fortaleza defensiva ante ataques enemigos.

El lugar llegó a servir como prisión durante la Revolución francesa, y se conservó milagrosamente intacto tras la ocupación alemana y posterior liberación aliada en la Segunda Guerra Mundial.

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