

Foto: El Correo
Es una lotería. Fundamentalmente genética. Y luego, a lo que la naturaleza ha tenido a bien darte, cada uno le saca el partido que buenamente puede. Ser guapo, efectivamente, no atiende a ningún tipo de meritocracia. Y, pese a todo, la belleza normativa es una ventaja social incuestionable. Hablamos del ‘pretty privilege’ o privilegio de belleza, un fenómeno tan real como la vida misma. «No está en los manuales de psicología, pero es innegable que las personas canónicamente más atractivas reciben más ventajas, un trato más favorable y mejores oportunidades en su vida diaria, laboral o social. No significa que su vida sea un camino de rosas, pero en igualdad de condiciones con alguien considerado menos atractivo, van a tener un acceso más fácil a ciertas oportunidades», expone la psicóloga Lucía Simón, conocida en redes como @psicoalvolante y especialista en análisis social. «La literatura científica claramente muestra y respalda que las personas guapas tienen ventajas sociales», coincide la socióloga de la Universidad de Deusto Arantxa Rodríguez-Berrio.
Efectivamente, no es una percepción subjetiva, sino una verdad empírica. La ciencia social se ha empeñado en demostrar, una y otra vez, que la belleza influye en nuestra vida laboral, nuestro éxito social, en nuestras relaciones personales e incluso en el resultado de los procesos judiciales en los que podemos vernos envueltos a lo largo de nuestra vida. Mientras un estudio publicado en el ‘American Journal of Education’ señaló en 2010 que los niños guapos recibían no solo mejores notas de sus profesores, sino también más atención pedagógica, otro metanálisis de 1994 (pero cuya vigencia no tendría por qué haber cambiado sustancialmente) destacó que los guapos reciben sentencias más leves y son declarados culpables con menor frecuencia en delitos no financieros. Algo que también se ha medido en países como Finlandia entre los candidatos electorales. Los guapos, para empezar, reciben más atención mediática que los feos.
Por no hablar, claro, de sus consecuencias más obvias. Decir que los guapos ligan más no es descubrir, precisamente, la rueda. Y luego están las consecuencias aún más contantes y sonantes. Mientras en los procesos de selección, las personas atractivas reciben más respuestas positivas (según una investigación de 2015 hasta un 36% más), algunos estudios clásicos, como el que dirigió el prestigioso economista Daniel Hamermesh, han estimado que la penalización salarial de las personas más del montón puede ser de hasta el 10% y la prima que reciben los guapos puede alcanzar el 5%. Y todo, por su cara bonita.
Fuente: El Correo.