
— Out of context Spain (@oocSpain) August 18, 2026
Same vibes para cualquier pueblo de la España profunda.. pic.twitter.com/zDqgTrd4e4
— Real Estate vibes (@Estate_vibes) August 18, 2026
Que cojones acabo de ver? pic.twitter.com/hZywbV5Fuc
— ️ٓ️ (@CocoExiliado) August 18, 2026

Aun sabiendo esto, Live Nation-Ticketmaster pusieron a la venta una categoría de entradas que no dista mucho de la experiencia de escucha en casa: “No View / Audio Only”. Por unas 58 libras (unos 70 euros) comprabas el derecho a estar dentro del estadio sin ver el escenario ni las pantallas gigantes donde se proyecta al artista. Los ángulos perjudicados y las malas butacas existen desde que hay espectáculo con más demanda que oferta, pero aquí se nos certifica, por escrito y por adelantado, que no vamos a ver nada. Para ganar algo de contraste: los precios oficiales en Wembley iban de las 71,70 a las 588,60 libras, pero a comienzos de julio (con las seis noches agotadas), ya sólo quedaban butacas de visión obstruida por encima de las 210 libras en la reventa.
En realidad ni es el primer caso ni el más caro: En 2023, Beyoncé vendió durante su Renaissance Tour asientos detrás del escenario sin visión del show, por unos 157 dólares, aunque algún fan denunció que la más barata disponible le salía por 350 una vez sumadas las comisiones. Escandalizarse es lógico, porque creíamos que la industria del directo y el ticketing sólo buscaba crecer hacia arriba y no ponerse a excavar el suelo. Durante la última década, las grandes estrellas han multiplicado los productos que rodean a sus conciertos: abonos VIP, paquetes con comida y barra libre, encuentros con el artista o ediciones especiales para los seguidores más fieles que pagan cientos o miles de euros por un trato preferente. La lógica era ir subiendo el techo, tantear hasta dónde llegaría el superfán más comprometido. | @elpais

Cuando Kylian Mbappé subió a sus redes sociales un carrusel de imágenes de sus vacaciones, a muchas personas les llamó la atención la diferencia entre las fotografías que, presumiblemente, Ester Expósito había tomado de su pareja y las que él había hecho de ella. “Da igual qué novio te eches, que nunca va a saber sacarte una foto bien. Le pasa a tu amiga, a tu madre y hasta a Ester Expósito, a la que se le han visto fotos con cara enfurruñada tras la sesión que le ha hecho Kylian Mbappé”, señala el perfil dirigido a la generación Z KLAB. “La foto que ella le hizo a él frente a la foto que él le hizo a ella. Kylian, amigo, tienes que practicar un poco más”, dice una usuaria en X al comparar las fotografías.

El creador de contenido Hans Fischer, que divulga temas de psicología y neurociencia aplicada a la vida real, explica en un vídeo por qué es tan habitual que los hombres hagan malas fotografías de sus parejas. “Cuando te ves mal en una fotografía, tu cerebro empieza a criticarla automáticamente. Pero cuando tu novio está viendo esa misma foto, su cerebro está haciendo algo completamente distinto”, dice antes de aludir a un estudio de Stanford que aborda esta cuestión a partir de un fenómeno llamado “sesgo de familiaridad afectiva”. | @elpais
@hansfischerrr Deja que las guarde en su celular ☺️😛
El cuadro representa un momento de La Odisea de Homero, donde Odiseo, después de casi dos décadas de ausencia por la Guerra de Troya y su difícil viaje a casa, se reencuentra con su hijo Telémaco. La pintura captura la intensidad emocional de este reencuentro padre-hijo, quienes no se habían visto desde que Telémaco era un bebé. Esta escena es crucial en la epopeya, ya que marca el comienzo de su esfuerzo conjunto para recuperar su hogar de los pretendientes de Penélope, con la guía y el apoyo de la diosa Atenea.
En la escena, Odiseo, disfrazado de mendigo para ocultar su identidad de sus enemigos en Ítaca, se revela a Telémaco. El escenario es probablemente la cabaña de Eumeo, donde los dos se encuentran en privado. Telémaco se aferra a Odiseo en una mezcla de incredulidad y alegría, abrumado por la comprensión de que su padre perdido hace mucho tiempo ha regresado. Atenea, en el fondo, destaca la intervención y el apoyo divino en este reencuentro. La reunión no es solo una reconciliación personal y familiar, sino también un punto de inflexión en la narrativa.
La pintura ganó el Prix de Rome en 1880, un prestigioso premio que reconocía el talento excepcional entre los jóvenes artistas. El premio incluía una residencia de varios años en la Villa Medici en Roma, donde los ganadores podían estudiar arte clásico y renacentista. Este galardón marcó un logro significativo en la carrera de Doucet, consolidándolo como un artista prometedor dentro de la tradición académica. | @artconnoiseur
