



Megan Thee Stallion actuando en la pasarela del desfile de moda de Victoria’s Secret 2026:




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Foto: El País
Cuando Hulk Hogan demandó al medio sensacionalista Gawker en 2016 por la publicación sin su consentimiento de un vídeo de contenido sexual, nadie daba un duro por él. Pero Hogan ganó el juicio y consiguió una indemnización de 140 millones de dólares que acabó con la publicación online. Peter Thiel, uno de los personajes más siniestros de Silicon Valley, decantó la batalla judicial: financió en secreto a los abogados de Hogan. Quería vengarse de Gawker porque lo había ridiculizado durante años y desvelado su homosexualidad.
Tras ganar el juicio, Thiel, fundador de PayPal, pensó que el apoyo del jurado popular a Hogan era el síntoma de un cambio social profundo. Vislumbró antes que nadie la victoria de un promotor inmobiliario neoyorquino con fama de mujeriego en las elecciones de ese año. Entonces, Donald Trump era solo un candidato improbable. “Vaya, quizá gane las elecciones”, pensó entonces Thiel, según confesó en una entrevista a The Atlantic. Pocas semanas después pronunció un discurso en la Convención Nacional Republicana que terminó por lanzar la carrera política de Trump.
Una década más tarde, Peter Thiel, de 58 años, es el personaje más influyente de Silicon Valley desde la irrupción de Steve Jobs a finales de los setenta. Libertario, antisistema y promotor del tecnoconservadurismo, está detrás del auge de figuras políticas como el vicepresidente, J. D. Vance, que trabajó para él en Mithril Capital, uno de sus fondos de inversión; o Ted Cruz, destacado senador republicano de Texas. Inspirador del nacionalismo tecnológico de Estados Unidos y contrario a las organizaciones internacionales nacidas tras la Segunda Guerra Mundial, como la ONU o la OTAN. A finales de septiembre participó en un ciclo de conferencias en Nashville en el que advirtió del “anticristo” y del peligro de regular la inteligencia artificial. No es la primera vez que disfraza con argumentos religiosos los ataques contra aquellos que quieren controlar el poder de las tecnológicas. Ya lo hizo el año pasado en conferencias similares en San Francisco, Roma o París.

Fuente: El País.